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DEVOLVER LA LIBERTAD, EL EGRESO

 

“Conocerán la verdad y

la verdad los hará libres”

Juan 8, 32

 

En el presente capítulo vamos a exponer las vías de egreso del adepto y  cómo la Psicología y los profesionales de salud mental pueden ayudar en el egreso de los grupos de manipulación.

 

4.1) Los “desprogramadores”.

 

En el año 1951 el periodista estadounidense Edward Hunter publicó un libro titulado “Brainwashing in Red” (Lavado de cerebro en la China Roja), el libro trataba de cómo eran utilizadas técnicas de MP en la China Comunista, con este libro se empezó a popularizar el término “lavado de cerebro” en occidente y más aun cuando luego de la guerra de Corea y Vietnam se vieron muchos casos de prisioneros que habían sido sometidos a este tipo de manipulación. En la década de los años 60 y 70 y de la mano del término “lavado de cerebro” se empezó también a popularizar la figura de los “desprogramadores”, incluso el tema del lavado de cerebro y de la desprogramación fue tema que ha sido motivo de más de una película de cine.

 

Desde un paradigma que considera al hombre como máquina, se concibe la MP como un “programa de reforma del pensamiento” y si los adeptos han sido sometidos a un programa para modificar sus convicciones, es oportuno entonces, desprogramarlos. Los desprogramadores (Hassan, 1990, Singer, 2003 Baamonde, 2003) en general eran especialistas en MP (en general ex adeptos) que intentaban hacerle al adepto el proceso inverso al cual había sido sometido para la captación. Todo comienza con lo que se conocía como “operaciones de rescate”, se intentaba localizar al adepto por parte de la familia y luego de encontrado el mismo, era secuestrado en la calle o bien era secuestrado por el desprogramador que se había infiltrado en el grupo para ese fin. Luego de alimentar al adepto y de hacerlo descansar a fin de que recupere fuerzas, se le obligaba a leer material crítico sobre el grupo, se lo sometía a largas horas en las cuales se intentaba deshacer lo que la MP había logrado en el sujeto, se lo hacía ver cintas de video, escucha de material de audio, etc.

 

Este tipo de procedimientos implica una violencia tal que hasta pone en riesgo la propia vida del adepto, al respecto afirmaba Baamonde: “Si bien los defensores de tales prácticas sostienen que las dos terceras partes de las desprogramaciones suelen tener un resultado satisfactorio y, en algunos casos pareciera a primera vista no haber otra salida, no son en absoluto recomendables. Lamentablemente no se mencionan los casos de desprogramaciones que culminaron con el suicidio o automutilación del afectado. Es tal el bombardeo a que se somete a los integrantes de algunos movimientos en relación a la desprogramación, que esta los pone, en algunos casos, al borde de la locura absoluta.” (Baamonde, 2003, 167). Es que si tenemos en cuenta lo que ha colocado el adepto en el líder y en el grupo y si a ello se suma la convicción de que si son arrancados del grupo, corren serio peligro de condenarse eternamente, comprenderemos cómo un adepto en tal situación prefiera perder la vida terrena para salvar la eterna. Dice Baamonde: “Esto ha provocado que algunas personas hayan intentado suicidarse delante de sus mismos padres o desprogramadores, o que para escapar no duden en arrojarse por una ventana desde un segundo piso; o que, para no escuchar o ver a los desprogramadores, intenten mutilarse los oídos o los ojos.” (Baamonde, 2003, 168). Además no debemos perder de vista que en toda desprogramación se encuentra generalmente implícito un secuestro, una privación de la libertad y la utilización de técnicas, que por ser también manipulativas, están fuera de toda ética. Debemos sumar además lo traumático de la situación tanto para el afectado como para sus familiares.

 

Si bien en fin de la desprogramación se presenta como loable, en esto como en todo, el fin no justifica los medios y debemos por lo tanto buscar otras alternativas que desde una visión ética nos permita ayudar a adepto y a su familia. Pero, ¿cuáles pueden ser esas otras vías?

 

4.2) Los consejeros de salida.

 

Afortunadamente para los adeptos y sus familias existen otras alternativas que no implican ni los riesgos ni las consideraciones de carácter ético que encerraría una desprogramación.

 

En algunos países existe lo que se ha dado en llamar “asesoramiento en el egreso” y está brindado por profesionales de la Salud Mental que se han especializado en el tema de la MP, estos especialistas se definen como “consejeros de salida”. Podemos decir que la diferencia fundamental entre el “asesoramiento en el egreso” y la “desprogramación” radica en que la primera se lleva a cabo de acuerdo con la persona afectada, no conculcándose sus derechos y no utilizándose técnicas manipulatorias. Estos consejeros de salida en general suelen trabajar en equipos multidisciplinarios que incluyen especialistas en temas religiosos, sociológicos, médicos y psicológicos, entre otras especialidades.

 

Generalmente el modo de llegar a la consulta es a través de los padres, pareja, amigos, del adepto; es raro el caso en el cual sea el propio afectado el que consulte. A partir de estos primeros contactos el consejero deberá tener varios encuentros con la familia del adepto a fin de conocer en qué tipo de grupo se encuentra, cuánto tiempo hace que está dentro del grupo, consultar material crítico sobre el grupo y sobre las estrategias de captación y las técnicas de MP que más utilizan, y los efectos de las mismas; será oportuno también el contactarse (si es posible) con ex adeptos de ese mismo grupo a fin de conocer un poco más de cerca la figura del líder, la estructura del grupo, los fines que dice perseguir, etc. Cabe destacar que para llegar a este punto, es imprescindible que el trabajo sea en equipo y muy bien coordinado (es importante que la familia tome conciencia de que es ella una parte importante del equipo), a fin de que no existan mensajes contradictorios. Generalmente, el consejero de salida deberá llevar a cabo varias reuniones con los padres y familiares del afectado, no sólo para recabar información acerca del particular modo de interacción familiar y su historia, sino también para asesorarlos en diversas técnicas de comunicación ya que esta, como hemos visto, se encuentra con frecuencia profundamente dañada.

 

“Los resultados obtenidos por medio de este método son sumamente alentadores, razón más que suficiente para no recurrir a medidas como la desprogramación, y a diferencia de lo que comúnmente se piensa, un promedio de entre tres días y una semana en contacto intenso con el afectado, suele bastar para que se efectúe el abandono del movimiento.” (Baamonde, 2003, 171)

 

¿Qué es lo que se hace en ese período? Por razones de espacio dentro de este trabajo no podríamos detallar lo que un egreso significa (casi abarcaría el espacio de un tesis entera) así como tampoco dar una idea detallada de un proceso de asesoramiento en el egreso, vamos a dar una pincelada de lo que sería un proceso de este tipo para que el lector pueda tener una idea de ello, sobretodo los puntos sobre los cuales un profesional de la salud mental al que le llegue una consulta de este tipo debe apoyarse para lograr un a efectiva ayuda al adepto y a su familia. “Uno de los elementos a tener en cuenta y que generalmente se descuida, por la confusión que genera la observación de ciertos cambios en la conducta de la persona que está siendo captada, es que la decisión adoptada por ella no es simplemente un acto, sino que obedece a todo un proceso. Este proceso se inicia mediante un proselitismo que, ocultando muchas veces sus verdaderos fines, ha utilizado algún factor particular de la persona para su captación. Por esta razón la desvinculación no se dará tampoco en un momento, sino a través de un proceso” (Baamonde, 2003, 172, 173). No debemos dejar de tener en cuenta que una de las cosas que más dificulta este proceso es el hecho de que en la mayoría de estos movimientos, lo primero que se procura en la captación es socavar las relaciones que tiene el adepto, no sólo a nivel familiar, sino con todas aquellas personas ajenas al grupo que, de alguna manera, tengan cierta ascendencia sobre él. Es por esto que lo más recomendable es que quién guíe en el proceso de egreso sea un tercero, en este caso el asesor.

 

Decíamos en el capítulo anterior que el proceso de MP estaba basado en un recurso a la renegación y que si bien es popular la creencia de que los adeptos a grupos dogmáticos son totalmente ignorantes de lo que dentro del grupo sucede ya que no llegan a perder totalmente su capacidad crítica y que pese a ello de todas maneras reniegan de ese conocimiento. Es sobre la base de estos “restos críticos”, por llamarlo de alguna manera, que el asesor debe cimentar el proceso de egreso, además por más conflictiva que pueda haber sido una familia o por más desvalorizados que los imagos parentales estén siempre ha de haber alguna huella de afecto sobre la cual también sostener el proceso de egreso y además por el hecho de que el yo no termina de objetivarse nunca.

 

Las recomendaciones que vamos a exponer son de tipo general, cada una de ellas deberá adaptarse a las condiciones, siempre particulares, de cada adepto, cada familia y cada grupo de manipulación del cual se trate. En el acercamiento con un afectado pueden resultar convenientes las siguientes recomendaciones que describe Baamonde (2003, 172, 195):

  • Incrementar el diálogo: El primero y más importante de los primeros pasos, es la reanudación del diálogo. Este debe incrementarse no sólo en frecuencia, sino especialmente en intimidad y profundidad. Una vez logrado un buen nivel de diálogo, se podrá hablar de cualquier tema, incluso de aquellos más delicados y dolorosos. Si no se lograra este nivel de diálogo, no será posible ni siquiera decir “buenos días” sin que suene a conflicto. Si la situación personal del adepto o las características del grupo no permitieran el diálogo personal, es recomendable iniciar el acercamiento mediante un intercambio epistolar, siempre teniendo presente que estas cartas con toda seguridad serán leídas por las autoridades del grupo, razón para que se sea muy cuidadoso en lo que se escribe.
  • Buscar nuevas formas y lugares de encuentro: El ser humano no puede sustraerse a las costumbres y a las asociaciones, por ello habrá lugares donde nos será más fácil o difícil entablar una conversación. Si siempre discutimos en la sala, terminaremos por asociar las situaciones con los lugares, dificultando en gran medida poder lograr una conversación cordial. Por ello es de suma importancia tratar de encontrar nuevos lugares y formas de contacto. Algo que facilita el diálogo consiste en intentarlo mientras se camina. El caminar, como dice el dicho “afloja la lengua”. Y el hecho de no estar frente a frente, facilita un grado mayor de intimidad, sin que posibles sentimientos de vergüenza o pudor, dificulten la comunicación.
  • Recabar información: También será importante poder recabar la mayor cantidad de información posible y de diversas fuentes sobre el movimiento con el cual se encuentra involucrado el afectado. Toda información será importante, pero en especial la siguiente: orígenes, prácticas y creencias, estrategias proselitistas que utiliza, objetivos, características particulares del fundador y sus dirigentes, actitud del grupo frente al mundo en general, la sociedad, la salud, la educación y las leyes, si el movimiento, el líder o los dirigentes tienen antecedentes judiciales, posible utilización de técnicas de MP y cuáles específicamente. De ahí podrán surgir elementos que nos vayan descubriendo qué sedujo al afectado para su ingreso, así como también potenciales riesgos para su salud e integridad física, que podría implicar su inserción en el mismo.
  • No Confrontar: Bajo ningún concepto se deberá confrontar con la persona afectada. Como ya escribimos anteriormente, al responder las adhesiones a cuestiones eminentemente emocionales, toda confrontación le hará reaccionar de manera personal, corriendo el riesgo que por defenderse, se reafirme aún más en las doctrinas del movimiento.
  • Evitar pensamientos o sentimientos de culpa: Bajo ningún aspecto los familiares de la persona afectada deben perder tiempo y energías en buscar posibles culpas. En esos momentos toda la atención y energía debe estar puesta en la persona a ayudar, y seguir las indicaciones que eventualmente le señale el profesional que se encuentre llevando adelante la tarea de asesoramiento. Más adelante, y una vez solucionado el problema, será la ocasión de asumir un tratamiento psicoterapéutico, donde puedan reevaluar posiciones, actitudes y posibles responsabilidades.
  • Expresar dudas con respecto a los postulados del movimiento: En este caso es recomendable que las dudas sean expresadas en voz alta, pero como para uno mismo, para evitar que la posible angustia que pudieran generar estas dudas, provoquen que el afectado asuma una posición defensiva, aferrándose aún con más fuerza a dichos postulados.
  • Mediatizar las respuestas: No se puede pretender que se tenga respuesta para todo. En caso de llegar a una situación donde el afectado nos exija una respuesta, y sobre todo si en algún momento del diálogo se prevé que puede acabar en discusión, es recomendable la mediatización. Esto dará tiempo, que en lo posible no debería ser mayor de 24 horas, para reflexionar o buscar información y estudiar la forma más adecuada de compartirla. Una vez hecho esto, no hay que esperar a que el afectado nos pregunte, sino que hay que abordarlo y decirle que ya hemos pensado en el tema pendiente, y retomar así la conversación. Con esto, además de lograr la continuidad del diálogo en forma cordial y enriquecedora, como en un espejo le estamos demostrando al afectado “que tenemos derecho a tomarnos un tiempo para pensar”, cosa que habitualmente el movimiento no le permitirá. Por esto, además de hacerlo quien esté llevando adelante el diálogo con el afectado, hay que incentivarlo también a él, a que se tome un tiempo para pensar los diversos tópicos de la conversación.
  • Recordarle períodos de su vida anterior a la inserción con el grupo, que hayan sido vivenciados como agradables: Es importante ayudarle a recordar a la persona afectada, en forma espontánea y natural, períodos de su vida anteriores a su ingreso en el movimiento y que hayan sido vivenciados positivamente. La mayoría de los grupos de características sectarias, tienden a calificar muy negativamente el período presectario, porque se ha vivido en tinieblas y no se contaba con el verdadero conocimiento que posibilita la felicidad real. Asimismo es frecuente que al sobredimensionar los conflictos larvados que tenga la persona a influenciar, esta vea mucho más fácilmente los aspectos negativos de su pasado que los positivos. El llevar adelante la presente recomendación va minando progresivamente las consignas del movimiento.
  • Recontactarlo con antiguas amistades: El alejamiento progresivo de la familia va precedido por el alejamiento de los vínculos sociales y las amistades. A fin de que el afectado pueda recibir, aunque sea indirectamente, otros marcos referenciales distintos a los esgrimidos por el grupo, es de gran importancia recontactarlo con antiguas amistades.
  • Detección de fisuras en el discurso: A través de la profundización del diálogo se intentará detectar fisuras en el discurso del afectado. Generalmente estas fisuras se manifestarán en forma de dudas. Una vez manifestadas estas se le debe escuchar y demostrar una verdadera empatía, para luego incentivarlo a recabar información para la superación de dichas dudas.
  • Contención afectiva y contacto físico: Es posible que cuando comiencen las fisuras en el discurso estas vengan acompañadas de períodos de profunda angustia y ansiedad. Aquí, al igual que en el resto del acercamiento, es de vital importancia que se expresen los sentimientos de amor y cariño que se tienen para con el afectado, y que exista un contacto físico que demuestre nuestra cercanía y disposición hacia él. Un apretón de manos, una caricia en la cara, tomarlo unos segundos de las manos, muchas veces expresan más que las palabras.
  • Posibilidad de contacto con especialistas: Llegado el momento oportuno, se le puede ofrecer la posibilidad de ponerse en contacto con especialistas en el fenómeno de las sectas, a fin de que pueda recabar tanto información general sobre los mismos y sobre el movimiento al que se ha adherido, así como sobre las técnicas de proselitismo, adoctrinamiento y los efectos que algunas de estas producen. Es aquí donde el Psicólogo que estaba asesorando a la familia en el proceso de egreso del adepto, entra en contacto personal con el mismo.

 

4.3) El día después.

 

Acabamos de exponer de manera sintética lo que sería un proceso se asesoramiento en el egreso, este tipo de procesos con la guía del asesor y el rol protagónico de la familia y los amigos, suele ser un proceso largo, dificultoso, con idas y vueltas y, sobretodo, suele ser un proceso muy doloroso que en el mejor de los casos finalizará con la salida del grupo por parte del adepto.

 

Luego del egreso el ex adepto es invadido por el miedo, la culpa, la vergüenza y es abrumado por un sin fin de preguntas: ¿automáticamente vuelve todo a la normalidad? ¿todo ha sido un mal sueño? Después de una experiencia tan traumática y movilizante: ¿naturalmente se generarán “anticuerpos”? ¿qué pasará con las relaciones? ¿cambiarán mágicamente? Y, finalmente: ¿aquel dolor que queda metido muy adentro del alma, podrá ser acallado? ¿no será conveniente, olvidarse lo más pronto posible de todo y hacer borrón y cuenta nueva? Estas son tan sólo algunas de las muchas preguntas que suelen surgir en el corazón de todos los involucrados.

 

El egreso no es el fin del proceso, es el inicio de un proceso, es necesario que al egreso le siga un proceso psicoterapéutico, surgirán muchos temas e interrogantes, tales como qué hacer de ahora en adelante, cómo ayudar a eventuales amigos que han quedado dentro del grupo, si enfrentar o no a los líderes, cómo tratar los sentimientos de culpa e incomodidad, las pesadillas y otros síntomas habituales, cómo aceptar sin resentimientos todo lo pasado.

 

Afirma Perlado: “Si la afiliación no se emplea como cabeza de turco para ventilar problemas previos de la familia y el acercamiento de la red que formamos se centra en la comunicación y en las relaciones, es más probable que pueda darse un cambio en el sentido de abrir la posibilidad a hablar con el adepto; este proceso puede ser más o menos largo ocupando algunos meses.” (Perlado, 2002).

 

La experiencia clínica ha demostrado que el  asesoramiento terapéutico en el egreso es el tratamiento de elección para ayudar al adepto a tomar distancia física y emocional del grupo. Si la intervención es exitosa y tras un tiempo prudencial de seguimiento observamos que el sujeto necesita de una ayuda más continuada, se indicará un tratamiento psicológico.

 

Con respecto a la aplicabilidad de una psicoterapia psicoanalítica o de un análisis, ambos deberían postergarse hasta que sea realizado un asesoramiento terapéutico por parte del especialista. La clínica nos enseña que estos pacientes son pobres demandantes de ayuda psicológica debido a que:

  • les cuesta ver que su implicación en el grupo pudiera tener algo que ver con su historia personal
  • quieren abandonar y olvidar la experiencia del grupo
  • la crítica que ejercen algunos grupos sobre los psicólogos o psiquiatras
  • la culpa que pueden sentir y/o la vergüenza de qué dirán
  • la falta de recursos económicos derivada de su explotación
  • el desconocimiento de los profesionales de salud mental de la dinámica de la manipulación

 

Dentro de este enredo, uno se pregunta qué lugar queda para una posible intervención psicoanalítica que busque favorecer el insight y la maduración emocional dentro de un proceso encaminado a ayudar al ex adepto a reconectar con su experiencia, reintegrar las partes disociadas de su yo y entender el sentido del vínculo establecido dentro de su historia personal para no repetirlo. “La experiencia clínica muestra en este sentido los efectos de la compulsión de repetición; pacientes, por ejemplo, que tras abandonar un grupo considerado secta entran en relaciones abusivas o ampliamente confusas, no son una excepción” (Perlado, 2005).

 

Desde una aproximación psicoterapéutica, y una vez el adepto ha abandonado el grupo, será necesaria una adecuada contención emocional así como “el interrogarse continuamente sobre la propia contratransferencia, para poder ir elaborándola, pero sobre todo una gran libertad de acción dentro del dispositivo analítico, con un encuadre flexible” (Perlado, 2002). La contratransferencia con adeptos nos lleva a elaborar nuestras propias relaciones con el poder, los grupos, la jerarquía, la autoridad, las instituciones o la formación, por lo que existe el riesgo de que caigamos en identificaciones proyectivas o asumamos una idealización incuestionable.

 

La rigidez de encuadre no podrá ser mantenida, deberemos ir explorando lentamente las relaciones de objeto aceptando que sea el mismo paciente quien vaya pasando progresivamente a una asociación más libre (Perlado, 2002). Deberíamos dejar que fuera el mismo paciente quien reconociera el encuadre, los límites, la técnica y la referencia de la psicoterapia. “La claridad del dispositivo deberá ser máxima, asegurando una estabilidad de base que permita el desvelamiento del mundo interno. Debemos ir reconstruyendo un espacio simbólico, yendo de lo más concreto a lo más simbólico, sin apresurarse en la interpretación y evitando silencios prolongados porque en los momentos iniciales no pueden ser aprovechados para la elaboración” (Perlado, 2002).

 

Será básica la contención de proyecciones violentas, manteniéndose firme el terapeuta pero al mismo tiempo en una contención benevolente, aunque la pasividad no es recomendable. “Deberemos no perder de vista la existencia de un factor traumático externo real, junto a la participación de una voluntad perversa, sin descuidar la propia subjetividad que irá abriéndose camino” (Perlado, 2002).

 

Una supervisión del caso con un especialista en psicoterapia y grupos dogmáticos, podría ayudar al clínico a ayudar más efectivamente al paciente y también para poder ir reconociendo las posibles actuaciones contratransferenciales que se puedan estar teniendo.

Extraído de:

 “Ladrones de libertad, un abordaje psicoanalítico al fenómeno de la manipulación psicológica sectaria”. Farías, Álvaro[1] 2006 Universidad Católica del Uruguay

[1] Licenciado en Psicología, actual Director de SEAS – Uruguay, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

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