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Las pseudoterapias New Age[1]

Lic. Álvaro Farías Díaz[2]

 

Hombres y mujeres de nuestra cultura de fines de siglo XX y principios del siglo XXI, están atravesados por un particular sentimiento de malestar (Freud, 1930). Buscan sin cesar experiencias de tipo oceánicas que logren, de alguna manera, mitigar ese afecto. Naufragio, nihilismo, desesperanza, soledad… son algunas de las notas que parecen caracterizar este particular modo de ser que ha sido llamado “postmodernismo”.

 

Podríamos preguntarnos ¿por qué tienen tanto éxito películas como Harry Potter, El Señor de los Anillos o libros como el Alquimista? ¿Por qué florecen cada día más las expresiones del pensamiento imaginario o mágico? ¿Por qué aunque la modernidad lo creía moribundo, Dios sigue resistiendo tan bien? ¿Cómo han evolucionado las religiones históricas, en contacto con las nuevas creencias y las nuevas formas de espiritualidad marcadas con el sello del individualismo y el pragmatismo? Y al fin de cuentas, ¿cómo comprender esta plétora de creencias y prácticas que se despliega ante nuestros ojos, esa religiosidad flotante, “a la carta”, que se desarrolla dentro de nuestra sociedad? (Lenoir, 2003).

 

Lo decíamos más arriba, es el sentimiento de naufragio el que predomina en nuestros días, algunas estadísticas sostienen que cerca de un 20% de la población sufre depresión. Quizás el emblema del cientificismo y el pragmatismo modernos triunfantes sea el medicamento antidepresivo. Con el antidepresivo, aparentemente, la ciencia ha triunfado sobre las fronteras del alma logrando hacer desaparecer el dolor. Vemos a diario como, a cada persona “normal” que sufre los golpes de alguna penosa pérdida, abandono, desempleo, accidente, se le receta en cada caso la combinación necesaria de ansiolíticos o antidepresivos para sobrellevar su dolor. ¿Sobrellevar su dolor? o ¿acallar su dolor?

 

Vemos hoy como los hombres y mujeres de nuestra cultura, afectados por las enfermedades del humor, son medicados con la misma gama de medicamentos frente a cualquier cosa. Por un lado se encomiendan a la medicina científica, y por otro aspiran a una terapia que reconociendo su identidad de lugar a la palabra. El Psicoanálisis, paradigma revolucionario desde hace ya 100 años, parecería haber perdido algo de su fuerza revolucionaria, cediendo el terreno en lo que a la “cura a través de la palabra” se refiere.

 

Como lo dice Élisabeth Roudinesco “Asistimos en las sociedades occidentales a un increíble auge de ensalmadores, hechiceros, videntes y magnetizadores. Frente al cientificismo erigido religión y frente a las ciencias cognitivas, que valorizan al hombre – máquina en detrimento del hombre deseante, vemos florecer, como consecuencia, toda una clase de prácticas surgidas, ya de la prehistoria del freudismo, ya de una concepción ocultista del cuerpo y el espíritu: magnetismo, sofrología, naturopatía, iriología, auriculoterápia, energética transpersonal, prácticas medúmnicas y de sugestión, etc. Contrariamente a lo que podríamos creer, estas prácticas seducen más a las clases medias (empleados, profesionales liberales y ejecutivos) que a los medios populares” (Roudinesco, 2002).

 

Intentaremos reflexionar sobre esto último.

 

La pseudoterapias New Age.

 

Daremos unas breves pinceladas acerca del fenómeno de la Nueva Era, luego pasaremos a exponer el tema de las “terapias” New Age intentado brindar una comprensión psicoanalítica de lo que, en la mayoría de los casos, sucede a la interna de esos vínculos terapéuticos.

 

Bajo el término “New Age” se engloba un conglomerado de ideas que hace difícil su concreción: hay quienes sostienen que es una nueva forma de afrontar la vida y de expresarla, para otros es un sincretismo tan enorme que lo único que pretende es confundir y recoger el fruto de tal confusión.

 

Para algunos (Silleta, 2007) empezó en la década de los ´60, principalmente en California, intentando propagar una nueva conciencia, un movimiento de contracultura, donde miles de jóvenes decían no al sistema y se enfrentaban a la autoridad. Para otros (Guerra Gómez, 1998), el nombre fue divulgado por la teosofista A. Bailey (1880 – 1949) y por el esoterista Paul le Cour (1871 – 1954). Finalmente el consumo de drogas alucinógenas, como el LSD, permitió a aquellos jóvenes del movimiento contracultura, poder experimentar con estados alterados de conciencia para así poder alcanzar nuevos “niveles de conciencia”.

 

Hoy ya no se trata de cambiar el sistema, antes de hacerlo hay que cambiarse a sí mismo. Se encuentra que en esa búsqueda del yo, las religiones orientales están más cerca que las occidentales. Se argumenta que las religiones asiáticas valoran más la experiencia interior que los logros externos, la armonía con la naturaleza más que su explotación. Y, en muchos, casos se ha pasado del “prohibido prohibir” a un “sí, maestro”.

 

Nuestro momento actual dista mucho de desconocer la fascinación por lo sagrado, que irrumpe por caminos que parecían ya poco transitados o reservados a los marginados de la religión. Quién se sorprende ya por ciertos programas de televisión, ciertos programas de radio, ciertos avisos en diarios y revistas en donde aparecen “ofertas religiosas” mezcladas con “ciencia”: radiestesia, control mental, reiki, budismo, meditación trascendental, viajes astrales, Jesús cósmico, Iglesias Neopentecostales, grupos gnósticos, etc. Pero, ¿qué es lo que está ocurriendo? los intentos de explicación son varios (Farías, 2004)

 

La New Age hunde sus raíces en el intento de encontrar puntos de contacto entre ciencia y religión, entre la razón y la magia, entre Oriente y Occidente. Se pretende crear un nuevo paradigma. Se trata de una huída de lo tradicional hacia lo alternativo.

 

Hay que aclarar qué es lo que en la New Age se entiende por “Dios”. Dios sería la “Energía” que en un momento determinado descendió sobre Jesucristo, Buda, Mahoma, y más cerca en la historia sobre el Conde Saint Germain. Los nueverinos interpretan la crucifixión, resurrección y ascensión de Jesucristo dentro de un contexto esotérico, como un símbolo de la liberación de la Energía crística y su difusión a modo de gas vivificador del cielo nuevo y la tierra nueva, manifestación esta que se manifestará en todo su esplendor cuando ocurra el advenimiento de la “Nueva Era” o “Era de Acuario”. Mientras que el Cristo interior en inmanente a cada uno es la “chispa” interior, desprendida de la Energía o Cristo cósmico. Cualquiera puede llegar a ser “Cristo”, para ello hay que recurrir a las técnicas New Age y sobretodo provocar estados alterados de conciencia (trances místicos, fenómenos de channeling, etc.) al mismo tiempo que hay que conectarse con la ecología, conducto de la Energía cósmica. (Guerra Gómez, 1998).

 

A partir de la práctica del “channeling” (canalismo), se puede invocar la asistencia de los llamados “Maestros Ascendidos” o “Avatares”, estos verdaderos guías de la humanidad le dictarían en la conciencia a las personas sobre qué hacer, sentir, pensar, de manera que cada uno invocando a su Maestro Ascendido de turno, puede llegar a justificar cualquier decisión por irracional que parezca.

 

El mayor problema con todo esto es la utilización perversa de estas creencias y técnicas. Cada uno es libre de pensar y creer en lo que le parezca más oportuno. Lo malo es cuando sin aviso previo se le van introduciendo creencias que no compartía en primera instancia, aprovechando circunstancias poco éticas a través de un proceso de manipulación psicológica (Farías, 2006).

 

Muchas de las ofertas terapéuticas que aparecen en los anuncios que podemos ver en las paradas de ómnibus, en la radio, en revistas y en programas de televisión van desde la terapia reikista, angeológica, terapia floral, curación con cristales, yoga, chamanismo, regresiones a vidas pasadas, el Instituto Nefrú del Maestro Rolland, la Metafísica New Age de Mario Olivero Troise… la lista es interminable.

 

En la mayoría de estos casos no hay al frente de este tipo de ofertas terapéuticas un profesional idóneo, es decir un Psicólogo o un Psicoterapeuta formado para el ejercicio de tal función. Cuando lo hay se dan fenómenos de intrusismo profesional y abuso terapéutico.

 

Rodríguez y Almendros (2005)[3] afirman que el 97% de las personas que habían estado en pseudoterapias afirmaba haber sufrido abusos verbales por parte del “terapeuta”; el 86% se sintieron dañados por la experiencia; el 78% recibieron malos tratos; el 50% sufrieron depresión; el 25% tuvieron relaciones sexuales con el “terapeuta”.

 

La clínica con pacientes que han vivido este tipo de experiencias y con sus familiares nos muestra que estos “terapeutas” terminan siendo verdaderos manipuladores ya que con su forma de actuar denotan un desconocimiento de la ética profesional trasgrediendo los límites de la misma, hacen un mal uso de las técnicas psicoterapéuticas y llevan a cabo un manejo de la relación terapéutica en su beneficio personal.

 

En Psicoanálisis la “situación analítica” está definida por el encuadre. El encuadre con sus reglas, posibilita el desarrollo del proceso, son los carriles por donde transcurre el tratamiento y, en general, toda ruptura del encuadre puede llegar a significar una alteración de la situación analítica y del tratamiento. Si hay algo que no hay en las “terapias” New Age es un encuadre. En general en este tipo de “terapias”, los límites terapéuticos se diluyen y los pacientes terminan por transformarse en verdaderos creyentes o adeptos, se establece una co-dependencia donde el “terapeuta” y sus pacientes transforman la experiencia terapéutica en un sistema cerrado donde predomina la perversión, de esta manera los pacientes llegan a ser amigos de sus “terapeutas”, empleados, colegas, aprendices; en las situaciones de grupo llegan a convertirse en hermanos que están agrupados con el fin de admirar y dar apoyo a su “terapeuta”. Como se podrá ver se despliega una dinámica similar a la de los grupos dogmáticos[4].

 

¿Cómo se llega a esta situación? Desde una comprensión psicoanalítica, podemos afirmar junto con Perlado (2002) que se produce la perversión de una relación transferencial. Una forma de entender esto es tomándolo como una inversión del diálogo analítico. En la práctica psicoanalítica atendemos al paciente para conducirle por un camino desconocido de antemano que va orientado, entre otras cosas, a disolver la dependencia derivada de la transferencia para incrementar la autonomía del paciente. El propósito del terapeuta no es el lucro personal a costa de un tratamiento interminable, sino ayudar al paciente a alcanzar un mayor bienestar personal, familiar y social. En momentos del proceso puede ser que aparezca una transferencia idealizante y adhesiva que se mantiene rígida. Este fenómeno se acerca bastante a lo que pasa en la relación entre el adepto y su líder, pero al contrario de lo que sucede en el discurso dogmático que asume como cierta esa transferencia, en nuestro trabajo no asumimos esa proyección y la tomamos como producto de una fantasía inconciente. Es en este último punto en donde radica, a nuestro entender, lo que podemos entender como manipulación, es decir, una perversión del vínculo transferencial encaminada a alimentar el yo narcisista del líder/terapeuta (Perlado, 2002).

 

El compromiso del adepto se apoya sobre un lazo transferencial muy intenso, podemos decir que es una verdadera “realización” de la transferencia, favoreciendo la regresión para incrementar la dependencia y explotado al máximo por el “terapeuta” para su beneficio personal. Todo comienza como una seducción, a partir de esta seducción comienza una forma sutil e insidiosa de violencia, de presión emocional sobre la base del poder destinada a transformar al sujeto en objeto. Las personas tienden a consultar estos “terapeutas” generalmente en situaciones de crisis. No es tan importante el contenido de la crisis (económica, afectiva, existencial, etc.) como el hecho mismo de la crisis, el hundimiento de las convicciones básicas del sujeto y el incremento de vulnerabilidad consecuente. En un momento de crisis, la confianza en objetos internos buenos y continentes se pierde y es entonces cuando el “terapeuta” se introduce en el mundo interno del sujeto para llevarlo a la condición de adepto. Bastará con que el “terapeuta” tome un conocimiento del sujeto que alcance como para que desnude sus grietas narcisistas, estas grietas narcisistas se hacen más visibles en los momentos de crisis vitales en los que solemos todos ser más vulnerables.

 

La presencia de este tema en la agenda de las Universidades tanto privadas como pública es prácticamente nula. Consideramos que a los profesionales de la salud mental y todos aquellos investigadores de las ciencias humanas les corresponde un rol protagónico en el estudio, la investigación, la prevención y el tratamiento del fenómeno sectario y sus consecuencias. En esto también estamos omisos no se forma a los profesionales en este tema, no se investiga. La sociedad parecería preferir realizar una verdadera desmentida de la situación. Detrás de nuestra pretendida condición de país laico y tolerante se tolera lo intolerable y se permite que los Derechos Humanos no sean debidamente respetados.

 

Mucho nos queda por hacer. Por todo lo arriba dicho nos parce suficientemente clara la necesidad y la oportunidad de investigar sobre el tema de las sectas y los grupos manipulativos, al igual que sobre los procesos sociales y psicológicos de la propia manipulación psicológica tanto aquí en nuestro país como en el mundo. Consideramos que en Uruguay es una realidad apremiante donde solo unos pocos especializados y sin el debido apoyo se han dedicado al estudio sistemático de este fenómeno. Consideramos que el conocimiento científico acumulado en estos años debe ser acompañado por la necesaria difusión del mismo de manera tal que ese conocimiento se transforme en “el espejo a través del cual la sociedad reflexiona sobre sí misma” (Lamo de Espinosa., 1990)

 

BIBLIOGRAFÍA

Almendros, Carmen. 2005. Ladrones de libertad pseudoterapias “religiosas” New Age. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid Ediciones

 

Baamonde, José María. 2003. La Manipulación Psicológica de las sectas. Madrid: Ed. San Pablo

 

Farías, Álvaro.

–  2004. Postmodernidad, el retorno de Dios. (Inédito)

– 2006. Ladrones de libertad, un abordaje psicoanalítico al fenómeno de la       manipulación psicológica sectaria. Memoria de Grado en la Universidad     Católica del Uruguay.

 

Ferguson, Marilyn. 1985. La conspiración de Acuario. Barcelona: Kairós

 

Freud, Sigmund.

– 1921. Psicología de las masas y análisis del yo (Obras completas tomo XVIII) 4ª 1993. Buenos Aires: Amorrortu Editores

– 1930. El malestar en la cultura (Obras completas tomo XXI) 4ª 1993. Buenos             Aires: Amorrortu Editores

 

Guerra Gómez, Manuel. 1998. Diccionario enciclopédico de las sectas. 3ª Madrid: BAC

 

Lenoir, Frédéric. 2003. Las metamorfosis de Dios. Madrid: Alianza Editorial

 

Lyotard, J F. 1990. La postmodernidad (explicada a los niños).  Barcelona: Ed. Anthropos

 

Pastorino, Miguel. (2004)  New Age: la punta del iceberg. Artículo publicado en el Quincenario “Entre Todos”. Montevideo, noviembre de 2004

 

Perlado, Miguel.

– 2002. Intrusismo profesional y abuso terapéutico grupos de manipulación en salud mental. Publicado en: “Revista del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña”, Nº 149

– 2002. A propósito de un tipo especial de perversión narcisista. Publicado en: “Revista de Psicoterapia Psicoanalítica”, Nº 5

– 2005. La atadura sectaria. Publicado en: “Intercambios, Papeles de Psicoanálisis”, Nº 15

–   2007. Estudios Clínicos sobre sectas. Barcelona: Ed. Atención e Investigación en Socioadicciones

 

Roudinesco, Élisabeth. 2002. ¿Por qué el Psicoanálisis?. Buenos Aires: Ed. Paidós

 

Silleta, Alfredo. 2007. Shopping Espiritual Buenos Aires: Ed. Martínez Roca

 

Singer, Margaret. 2003. Las sectas entre nosotros. 3ª Barcelona: Ed. Gedisa

 

 

[1] Trabajo presentado en:

II Jornadas “Más allá del consultorio” – Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica 1 y 2 de agosto de 2008 NH Columbia Montevideo – Uruguay

XIX Jornadas Uruguayas de Psicología “Los miedos: realidad de nuestro tiempo” – Sociedad de Psicología del Uruguay 29, 30 y 31 de agosto de 2008 Centro de Convenciones de la IMM

[2] Licenciado en Psicología por la Universidad Católica del Uruguay “Dámaso A. Larrañaga”

Miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

Av. 8 de octubre 2830 apto. 501 tel. 4877685 e-mail: alvarod.farias@gmail.com

[3] Investigación realizada por la Universidad Autónoma de Madrid

[4] “Grupo dogmático”,” secta coercitiva”, “grupo de manipulación” son para nosotros términos equivalentes

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